EL REINO Y LA COMUNION DE DIOS
por Ward Fenley,
traducido por Alexander Rodríguez
Una de las dinámicas claves
dentro
Juan 9:32 “Desde el siglo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.”
Sin embargo, ellos rechazaron Su testimonio y persona a pesar de los milagros manifestados. El tuvo que implorarles que por lo menos creyeran en El por los milagros que hacía:
Juan 10:37 “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. {38} Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.”
Juan 14:11 “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”
De hecho, por sobre esto, ellos Le crucificaron por Su afirmación a la deidad y también por Su declaración de El mismo como aquel pan, el cual, si el hombre comiese, tendría vida eterna:
Juan 6:41 “Murmuraban entonces de él
los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió
En la mente de los Judíos el mensaje y los milagros de Jesucristo no estaban unidos, sino que presentaban una contradicción. Ellos vieron los milagros, pero no podían reconciliar con esto el mensaje que Cristo predicaba, esto es, que El era el gran YO SOY quien afirmaba haber existido desde antes de Abraham, y que no había otro camino al Padre sino por El. El no solamente afirmó que la vida eterna era exclusívamente accesible a través de El; El también afirmó ser esa vida misma:
Juan 6:51 “Yo
soy el pan vivo que descendió
Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
De nuevo, estos mensajes eran dichos difíciles para los Judíos, ya que esos discípulos quienes seguían a Cristo meramente porque sus barrigas eran llenadas, le abandonaron ante Su presentación de un mensaje similar:
Juan 6:52 “Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Juan 6:58
“Este es el pan que descendió
En esencia, Cristo estaba
proclamando con la mayor claridad que Su método de salvación era diferente a lo
que al parecer era la creencia común del día (esto es, la salvación a través
del cumplimiento de la ley, o las obras de la carne y la nacionalidad), y que
la salvación era estrictamente por el don y la gracia de Dios. También, vemos
que la naturaleza
Dan 2:40 “Y el cuarto reino será fuerte
Dan 7:7 “Después de esto miraba [yo] en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible, y en gran manera fuerte; la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; y era muy diferente de todas las bestias que habían sido antes de ella, y tenía diez cuernos.”
También es probable que los
Israelitas entendieran la historia de estas bestias (tres de las cuales habían
venido e ido), y que ellos estuvieran en el medio
Dan 2:44 “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”
No debemos estar tan sorprendidos de
que los Israelitas tuvieran una interpretación literal
No obstante, no nos hemos quedado
sin interpretación ni explicación
Quizás el enunciado de Cristo más
fuerte acerca de la naturaleza
Juan 18:36 “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.”
Hasta Pilato reconoció las implicaciones de este enunciado:
Juan 18:37 “Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.”
La experiencia misma de Pilato
acerca de reinos y reinados era estrictamente empírica. Pilato comprendía que
cualquiera que siguiera a este quien se profesaba ser Rey sólo pudiera declarar
Su reinado basado únicamente sobre una apelación subjetiva - y quizás mística –
a este reino invisible. Por supuesto, Cristo manifestó las obras
Juan 12:37 “Pero a pesar de que había
hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; {38} para que se
cumpliese la palabra
No obstante, Jesús continuó Su
proclamación de la naturaleza espiritual
Juan 6:15 “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.”
Jesús huyó porque nunca era Su
propósito ser un rey físico sobre el mundo. No sólo esto, sino que ante la
persistencia
Juan 6:26 “Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.”
La provisión temporal de cosas
Juan 6:27 “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.”
Juan 4:11-14 “La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? {12} ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? {13} Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; {14} mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”
Entonces, ¿cómo es que el conocimiento de estos aspectos en el Evangelio de Juan pueden ayudar a nuestro entendimiento de la comunión y hermandad presentada en la primera epístola de Juan? La hermandad y la comunión deben ser comprendidas dentro del contexto del sacrificio y el amor. Estos temas quizás son los dos aspectos constantes e inseparables del mensaje de 1 Juan. Varios versos de por lo menos cuatro fuentes vienen a la mente:
Pr Proverbios 10:12 “El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas.”
Filipenses 2:1-8 “Por tanto, si hay
alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del
Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, {2}
completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo
amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. {3} Nada hagáis por
contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a
los demás como superiores a él mismo; {4} no mirando cada uno por lo suyo
propio, sino cada cual también por lo de los otros.
{5} Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en
Cristo Jesús, {6} el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser
igual a Dios como cosa a que aferrarse, {7} sino que se despojó a sí
mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; {8} y
estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz.”
Lucas 9:23 “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
Y finalmente,
Ju Juan
15:13-14
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
En estos cuatro pasajes el tema es claro: el amor es testificado o probado por la negación de sí mismo, el cubrir de los pecados, y la exaltación de otros. Es interesante notar que en el pasaje de Proverbios, “el amor cubre todos los pecados”, la palabra traducida como ‘cubre’ literalmente significa ‘esconder’. Salomón nos implora que realmente cubramos o escondamos los pecados de los otros para que así mostremos nuestro amor. A través del amor de Cristo y del negar a uno mismo y tomar Su cruz, El podía esconder o cubrir los pecados de Su pueblo. A través de Su muerte El estimó a otros como “mayores” que El mismo y a su tiempo El fue exaltado:
Phi 2:9 “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”
Sin embargo, Su propia exaltación al tiempo indicado no dejó a Su pueblo sin un propósito similar:
1Pedro 5:6 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”
Así como consideramos este elemento tan ajeno a la humanidad (esto es, la negación de uno a cambio de la exaltación de otros), también debemos entender el elemento del sacrificio. Al negarse a uno mismo, el objetivo final es la unión o comunión del pueblo de Dios; por eso es que el pasaje de Filipenses está precedido con esta idea:
Filipenses 2:1 “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia…”
Pablo dice, “si hay… alguna comunión del Espíritu.” Literalmente, si puede haber comunión en el Espíritu, necesariamente debe existir la exaltación de otros basado en la negación de uno mismo. Luego él procede a mostrar el ejemplo máximo de esto, quien es Cristo. En otras palabras, a través del más grande atributo del amor, el sacrificio es hecho y la unión, o comunión, es establecida. En el Evangelio de Juan esto era una meta primaria en la muerte de Cristo:
Juan 11:51-52 “Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; {52} y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.”
A través de la negación de El mismo, El congregaría en uno al pueble de Dios. Esta misma idea se encuentra en Efesios:
Efesios 2:13 “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. {14} Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, {15} aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, {16} y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.”
El sacrificio, el amor y la unión
son los temas principales de estos pasajes, así como se encuentran en la
epístola de 1 Juan.
1 Juan 1:3 “lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, ara que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.”
La unión o comunión (Gr. Koinonia)
es la meta deseada de Juan para el pueblo de Dios. Es interesante que una de
las definiciones de koinonia es coito. La palabra Griega koy es
la misma de la cual la palabra coitus en Latin es derivado.
Específicamente hay un coito espiritual que Juan desea para el pueblo de Dios –
un coito que sólo puede existir a través del amor, el cual es alcanzado por el
sacrificio de uno mismo. Esta comunión o coito era un gran deseo de Cristo,
demostrado en Su oración de que El no sólo tendría este coito con Su esposa, la
iglesia, pero que también la iglesia tendría este coito con sus miembros.
Parece que la gran meta, no sólo de
la oración de Cristo, sino también de su sacrificio inminente en la cruz, fue
para alcanzar la comunión o coito de El con Su pueblo, y Su pueblo unos con
otros.
Así es como Juan desarrolla este tema en Su epístola. En el capítulo 1 verso 6, Juan trata aquello de lo que Cristo habló tanto en su ministerio terrenal, el contraste luz/tinieblas.
1 Juan 1:5-7 “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. {6} Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; {7} pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Es vital para nosotros comprender esto en nuestro tratamiento de 1ra Juan. Muchos erróneamente han asociado el caminar en la luz con los ciudadanos cumplidores de la ley del Antiguo Testamento. Antes de ver los contextos y corolarios mencionados, entendemos que caminar en la luz es sinónimo de la fe en el amor de Cristo expresado por su sacrificio máximo, y la demostración de ese amor de auto-sacrificio para unos con los otros. Es entonces que los motivos luz/tinieblas encontrados en 1ra Juan son clarificados. Esto es enormemente significativo cuando consideramos qué son los “mandamientos” de Cristo. Muchos asocian “mandamientos” con cumplir preceptos del Antiguo Testamento. Sin embargo, Juan explica lo que realmente son los “mandamientos”:
1 Juan 3:22-24 “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. {23} Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. {24} Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.”
La fe y el amor para unos con los otros prueba que la unión con Cristo realmente ha tomado lugar. Juan dice que aquellos quienes practican estas cosas son quienes están habitados por El y quienes habitan en El. Juan testifica que a través de la fe y el amor estamos probando que Cristo mora o habita en nosotros, o ha sido hecho uno con nosotros. Por tanto concluímos que caminar en la luz y la obediencia a Sus mandamientos son nada menos que la fe y el amor por Cristo, y el amor unos por los otros; y en esa luz y amor la comunión de Cristo con nosotros y nuestra comunión unos con los otros es probada.
Juan escribe:
1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”
Cristo anduvo en amor. El fielmente demostró amor que no condenaba a aquellos a quienes El amó, sino que los libertó. El amor no acusa, sino que excusa:
Juan 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Observe, esto fue dicho a una mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. Los Fariseos eran prontos para acusarla. A su vez, Cristo fue pronto para excusarla. Por supuesto, Dios en Su santidad por el juicio del Antiguo Testamento hubiera tenido todo derecho de condenarla. Sin embargo, a través de la previsión del sacrificio de Su único Hijo El podía excusar a esta mujer y liberarla de las severas acusaciones de los Fariseos. Cristo, en la forma más transparente, muestra que el amor esconde o “cubre una multitud de pecados”. De forma fascinante, Cristo, después de que declara las más grandes palabras que alguien pudiera oír de El, “ni yo te condeno,” luego lo asocia con la cobertura de los pecados exactamente de la forma en que Juan lo asociaría luego; esto es, que la cobertura o esconder de los pecados de alguien es el testimonio de caminar en la luz. Considere el verso siguiente en el contexto de la mujer adúltera:
Juan 8:11-12 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. {12} Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Es como si Cristo demostrara el amor, luego testificara de Sí mismo como la luz, y aquellos quienes siguieran Su ejemplo de amor y cobertura por los pecados de otros serían los que caminasen en la luz. Debemos notar que los Fariseos caminaban alejados de Cristo, mostrando la división entre ellos y Cristo. No obstante, son Cristo y la mujer los que son dejados sólos al final. Así también es con los que se perdonan y se aman unos a otros. Hay union y comunión que testifica del amor y la fe que tenemos en Cristo, no podemos declarar nuestro amor y fe en Cristo a menos que tengamos amor por con los demás como una prueba demostrable. Juan adecuadamente proclama esto:
1 Juan 3:17 “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
1 Juan 4:20 “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”
No es que amarnos entre nosotros nos salva, ni que en sí esto nos haga de Cristo; nuestro amor unos por los otros prueba que somos de Cristo. De nuevo, amarnos unos a los otros es principalmente demostrado escondiendo o cubriendo nuestros pecados, pues de nuevo, Proverbios declara, “el amor cubre todos los pecados”. Podemos continuar encontrando este tema en 1ra Juan:
1 Juan 2:11-12 “Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. {12} Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.”
Acá Juan claramente constrasta el andar en tinieblas con aquello que ha ocurrido a estos hermanos. Ellos han sido perdonados por sus pecados. Ellos han sido amados por Dios y por tanto se amarían unos a otros en la misma manera; por tanto ellos caminarían en la luz. Sin embargo, aquellos quienes tenían una mera profesión de fe, y así se acusarían y juzgarían unos a otros se mostrarían que andan en tinieblas. De hecho, aquellos quienes parecían estar unidos con los hermanos, pero salieron de entre los hermanos, al final negarían a Cristo:
1 Juan 2:18-23 “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. {19} Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. {20} Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. {21} No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. {22} ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. {23} Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.”
No era que estos anticristos eran una vez verdaderos hermanos. Al contrario, los verdaderos hermanos continuarían caminando en la luz, creyendo a Cristo como el Dios manifestado en la carne, y continuarían amándose y perdonándose unos a otros. Pablo describe a los anticristos como “falsos hermanos”:
2 Corintios 11:26 “en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;”
Gálatas 2:4 “y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud,”
Es sorprendenteo cómo Pablo describe lo que estos “falsos hermanos” hacen. El dice que ellos intentan espiar sobre la libertad del pueblo de Dios para traerlos a esclavitud. Cristo declaró a los enjuiciadores Fariseos que si el “Hijo os hace libre, en verdad seréis libres”. Esta libertad no es otra que la libertad del pecado. Los Fariseos eran los acusadores de los hermanos. Ellos eran los vasos primarios por los que obraba el adversario. Sin embargo, Pablo dijo: “¿Quién acusará a los elegidos de Dios?”. La respuesta es que hay frecuentes intentos, y sin embargo Pablo confirma:
Romanos 8:33-39 “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. {34} ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.{35} ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? {36} Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. {37} Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. {38} Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, {39} ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Es este profundo amor de Cristo el que continúa a declarar al pueblo de Dios libre del pecado y libre de las acusaciones de otros quienes intentarían traernos a esclavitud. Pablo explica que es por el amor de Cristo, a través de su muerte por nosotros, lo cual procura esta libertad y seguridad; que nunca seremos conquistados por esos falsos hermanos quienes nos acusan. “Caminar en la luz” es lo mismo que caminar en amor:
1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”
Caminar en amor es caminar como lo hizo Cristo. Cristo no acusó a la mujer adúltera, sino que el diálogo fue claro:
Juan 8:10 “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? {10} Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.”
El método de operación de Cristo para Su pueblo era el considerar su fragilidad, considerar Su propio sacrificio, y luego restaurarles. Así es como Pablo anima a los Gálatas:
Gálatas 6:1 “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. {2} Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”
¿Cómo es que se cumple la ley de Cristo? Por medio de la restauración. Es cumplido por aquellos quienes son espirituales en considerar sus propias debilidades y restauran (no condenan) al pueblo de Dios. Somos llamados a caminar como Cristo caminó, que significa caminar en amor, restaurándonos unos a otros. De nuevo, Pablo hace la inseparable conexión entre el amor, el sacrificio y el perdón:
Efesios 5:2 “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a símismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”
La principal característica del amor es demostrado al dar de nosotros mismos, o al negarnos por otros por medio del perdón. ¿Cómo es que nos negamos? Cuando la gente nos hiere o nos ofende, somos llamados a perdonarles o a cubrir sus pecados. Les cubrimos “estimando a otros mayores que nosotros mismos” y restaurándoles. Esto es lo que Cristo ha hecho por nosotros. El nos consideró, se sacrificó por nosotros, cubrió nuestros pecados, y luego nos restauró a El mismo, cumpliendo así la comunión:
Colosenses 3:12-14 “Vestíos, pues,
como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable
misericordia, de benignidad, de humildad, de
mansedumbre, de paciencia; {13} soportándoos unos a otros, y
perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la
manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. {14} Y
sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
De nuevo, la asociación es sorprendentemente clara. Por medio del amor y el perdón, establecemos el vínculo de perfección, o bien el enlazar todo en perfecta armonía. El orden luce evidente: Por el amor y el sacrificio de Cristo, El ha alcanzado comunión, restauración y armonía entre nosotros y El. Esta es la unión espiritual irrompible en los lugares celestiales. Del mismo modo, para probar esa unión, practicamos el mismo amor y sacrificio, el cual a la vez promueve la comunión, restauración y armonía entre nosotros.
Ahora pasamos a un pasaje enormemente difícil en 1ra de Juan:
1 Juan 3:4-9 “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. {5} Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. {6} Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. {7} Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. {8} El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. {9} Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”
Algunos han interpretado que este pasaje significa que si uno es un Cristiano verdadero, estará en perfecta obediencia a los Diez Mandamientos en su práctica externa como en su pensamiento interno. Otros afirman lo mismo, pero añaden el que sea un proceso gradual. En cualquier caso, pudiéramos referirnos a esas creencias como la doctrina del Perfeccionismo. Y bueno, no es para basar la Cristiandad sobre la experiencia, pero si todos somos honestos, y el Perfeccionismo es verdadero, nadie jamás ha nacido o nacerá de Dios. Pero considerando lo que ya hemos establecido, ¿es esta verdaderamente la idea que Juan está tratando de emitir? Parecería que el contexto está diciendo con certeza que se refiere a la ley del Antiguo Testamento cuando Juan escribe, “el pecado es infracción de la ley”. Por tanto, los versos a partir del 4to deben permanecer dentro del macro-contexto de la intención del autor. En este punto, es imperativo que entendamos la teología de la cruz versus la ley. Pablo escribe en Romanos:
Romanos 8:2-4 “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
La ley es cumplida en nosotros. ¿Cómo? Unicamente a través de la obra de Cristo. No es algo que deba repetirse, pues el autor de Hebreos escribe:
Hebreos 7:27 “que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.”
Hebreos 9:12 “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”
Hebreos 9:26 “De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.”
Hebreos 9:28 “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”
Hebreos 10:10 “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”
Por tanto, si la ofrenda había de hacerse una sola vez, y el resultado era el cumplimiento único de la justicia de Dios alcanzada en nosotros por el Espíritu de Dios por medio de esa ofrenda, entonces somos exactamente como Pablo nos declara que somos:
Colosenses 1:21-22 “Y a vosotros también, que
erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas
obras, ahora os ha reconciliado {22} en su cuerpo de carne, por medio de la
muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;”
Somos de u